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La Ciencia del Amor
Del deseo de los sentidos al intelecto del Amor

Portada del libro La Ciencia del Amor de Ráphael. Ilustración de dos figuras humanas de espaldas mirando hacia un vórtice celestial de luz y ángeles.
Este libro fue editado anteriormente en lengua española por la editorial Mandala y ahora publicamos una nueva versión que pudo ser actualizada por el propio Autor, quien lo introducía así:

Escribir sobre polaridad varón-hembra y luego sobre el Amor en la  dimensión humana no es algo fácil, pues son complejas las  manifestaciones del sexo, de las emociones-sentimientos, del amor y del  aspecto espiritual mismo del cual emerge la polaridad Criatura-Creador.

El problema es tan vasto que, podemos decir, apenas lo hemos rozado; de  cualquier modo, nos parece haber ofrecido una panorámica lo  suficientemente incisiva como pare servir de guía a quienes buscan la  comprensión del fenómeno.

Obviamente, lo que escribimos es sobre  todo para aspirantes y discípulos que recorren la senda del "Amor  filosófico" tradicional, con lo cual, se da por sentado que el lector ya  tiene, al menos, un conocimiento elemental del problema y aspira a practicar el Amor que no desengaña ni es causa de sufrimientos o  ambigüedades, para demostrarse a sí mismo la validez de un recorrido que  se basa en la “potencia” del Amor.

En la cultura del mundo  moderno, con la palabra “amor”, desgraciadamente, se entiende de modo  particular la función del sexo, y cuando luego hablamos de sentimientos,  estos siempre se califican con factores sexuales que se llegan a  asociar con la identidad de la persona; ocuure que si aquellos factores  llegan a faltar, el ente se siente exfoliado y sin puntos de referencia.

Parece  ser, entonces, que las actividades de los humanos, por mucho que se  extiendan a múltiples campos, se desarrollan en función del aspecto  polar varón-hembra más que del de hombre-mujer o el de persona con un  cuerpo, una psique e, incluso, un alma.

Cuando una cultura  elimina de su propio patrimonio la realidad del Alma, es obvio que toda  su actuación se orienta al aspecto de la forma; es decir, al mundo de lo  físico denso. En este tipo de cultura, el hombre es primariamente un  simple cuerpo que secreta pensamientos, sentimientos y sexualidad. Al  reducir al ente a tales factores, que reconocemos como contingentes y  limitadores, resulta que siempre se encuentra en una condición de ansia,  de búsqueda afanosa sin solución, de rigidez psíquica, hasta llegar a  la alienación de la cual somos testigos.

Que estas notas, aunque  sintéticas, puedan servir de ayuda a quienes se encuentran sobre la  senda del Conocimiento del Amor cual puro Principio universal.



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